Ciencia en Uruguay

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Oscar N. Ventura, asesor de Pedro Bordaberry en ciencia y tecnología

El valor de la investigación fundamental está sobre todo en la gente que se forma

 La gran importancia de la creación de conocimientos para el desarrollo del país se ha vuelto un lugar común en la política uruguaya. Sin embargo, como ocurre con aquellos fieles que olvidan durante la semana los altos valores morales que profesan los domingos, los políticos uruguayos rara vez se muestran interesados por lo que ocurre en el mundo de la investigación. El Observatorio de Educación de la Fundación Propuestas (Fundapro, vinculada al sector Vamos Uruguay del Partico Colorado) ha dado a conocer en estos días un informe sobre la investigación científica universitaria en el país que rompe con esa tendencia. Con esta entrevista al autor de ese informe Brecha inaugura una serie de consultas sobre el presente y el futuro de la investigación en el Uruguay.

Aníbal Corti (Brecha, 31/5/2013)

 

—¿Cómo ve usted la situación de la investigación científica en el país?

—Uruguay le ha dado en los últimos años una importancia mucho mayor a la ciencia y la tecnología. Hoy tenemos en el orden de los dos mil investigadores activos (unos 1.600 en el Sistema Nacional de investigadores y estimo que unos 400 por fuera). Pero eso es muy poco todavía. Tendríamos que multiplicar por cinco esa cantidad. Esa escasez de investigadores hace que el país no tenga la masa crítica suficiente para generar internamente cadenas de investigación que empiecen en los desarrollos fundamentales, pasen por el escalado y desemboquen en las aplicaciones tecnológicas. En la Facultad de Química y en otras facultades de la Universidad de la República (Udelar) tratamos de hacer eso. Hay cosas lindas que han salido. Se han hecho cosas importantes. Quizás donde estamos más rezagados es en el tema de patentar, que es un proceso complicado que necesita mucho tiempo. Es decir, tenemos un desarrollo que es incipiente. Frente a lo que 20 años atrás era prácticamente nulo, hoy tenemos un desarrollo incipiente y respetable.

—¿Qué medidas deben tomarse a su juicio para potenciar ese desarrollo incipiente?

—Es importante que la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) siga desarrollándose. Pero en la ANII tenemos un problema: no hay una separación clara entre la formulación de políticas de investigación y la ejecución de esas políticas. La ANII actualmente está embretada entre lo ejecutivo y lo político. Pienso que en un futuro debería limitarse a ser una agencia ejecutora altamente profesional. Para la formulación de políticas deberíamos tener un ministerio de ciencia y tecnología. Hice esa sugerencia y la creación de un ministerio va a estar en el programa de gobierno del Partido Colorado. Ese ministerio debería ser uno de los pilares fundamentales de los próximos gobiernos, sean del partido que sean.

Estamos acostumbrados a tener gobiernos en que básicamente existe un “superministerio”, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Yo creo que debería haber tres “superministerios”, tres pilares fundamentales de un gobierno. Uno claramente es el MEF. Un segundo debería ser el de ambiente. El futuro lo jugamos en la parte ambiental de una manera clarísima. Ese ministerio debería tener mucho peso: debería tener la capacidad de pararse frente al MEF y decirle que no a inversiones que puedan comprometer el ambiente. El tercer pilar tiene que ser un ministerio de ciencia y tecnología, con las mismas potestades que los otros. Ese ministerio tiene que definir grandes políticas de desarrollo, como pasó en China, por ejemplo, con las cuatro modernizaciones de Deng Xiaoping a fines de los setenta.

China dijo: vamos a salir a copiar. Y empezó vendiendo cosas como ballenitas para los cuellos de las camisas. En esa época que algo viniera de China era sinónimo de que era de mala calidad. Hoy los chinos investigan y producen en supercomputación, semiconductores, transporte, productos químicos, agricultura, biotecnología y mucho más.

Ese ministerio de ciencia y tecnología es el que tiene que decir que nosotros vamos a apostar fuerte a adaptar, como primer paso para un desarrollo endógeno. Otros ya hicieron la investigación fundamental en muchas cosas para nosotros. Eso no quiere decir que no haya que hacer investigación fundamental. Hay que hacer como propone Nassim Taleb, el autor de The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable. Taleb dice que para hacer cualquier inversión hay que usar la teoría de las pesas. Dividís tu capital en dos partes: la mayor parte la ponés en inversiones seguras, que te dan muy poco pero vos sabés que tenés eso asegurado; con el resto hacés inversiones muy arriesgadas. La mayor parte de las veces vas a salir perdiendo, pero cuando ganás podés pegar un salto significativo. Eso es lo que nosotros tenemos que hacer con la ciencia y la tecnología. La investigación fundamental tiene que existir y tiene que estar financiada como apuesta de largo plazo, como apuesta a meternos en lugares a donde los otros todavía no han llegado. Pero allí donde otros ya llegaron, lo que tenemos que apostar es a copiar.

—Está bien, pero si eligiéramos hacer lo mismo que los chinos tendríamos un problema, que China seguramente pudo ignorar por su enorme tamaño y también porque es una dictadura, pero que nosotros no podríamos ignorar. Me refiero al problema de las patentes y de la piratería. China roba descaradamente. No estoy seguro de que sea algo que Uruguay pueda proponerse hacer.

—Uruguay, en efecto, no puede plantearse una política similar a la china porque no tiene ni la fuerza económica ni la trascendencia mundial. El chico nunca le gana al grande por fuerza, le gana por inteligencia. Primero hay que fijar objetivos. Hay que tener una planificación estratégica inteligente. Hay que mirar dónde hay, por ejemplo, patentes vencidas. Dónde uno de los procesos claves tiene una patente vencida que se pueda copiar y modificar. Porque el tema de las patentes es que siempre hay que darle un giro a la cosa, una modificación, de tal manera que se pueda patentar esa modificación. La ventaja de Uruguay y su desventaja al mismo tiempo es que somos chicos. Hay cosas que no podemos hacer, pero al mismo tiempo necesitamos muy pocas cosas bien hechas para poder vivir bien. Si estudiamos muchas alternativas y entre todas ellas aparecen unas pocas viables, tenemos el boleto ganador. Hacia allí debemos apuntar. Y para ello, para identificar esas oportunidades, necesitamos tener una ciencia amplia, que cubra muchos temas. Hay que fomentar esa diversidad, no porque ya se sepa o pueda saberse de antemano que cada una de esas líneas de investigación va a desembocar en algo útil. No. Hay que fomentar esa diversidad porque quizás de allí (no sabemos bien de dónde) salga algo útil.

Hay un procedimiento de síntesis química que podríamos definir como no fabricar una cosa apuntando a esa cosa. Lo que vos hacés es fijar un objetivo general, un objetivo amplio. No estás necesariamente buscando esto o aquello, sino preparando un gran número de compuestos (hasta millones de ellos) en un único proceso. Es una aproximación diferente a la tradicional, en que vos hacés un camino lineal para conseguir algo. Y lo conseguirás o no, pero hacés todo el camino para conseguir eso que tiene las propiedades que querés. Del otro modo, en cambio, vos conocés ampliamente de qué va el asunto. Sabés, por ejemplo, que podés generar una cantidad de compuestos, aunque no sepas a priori para qué sirven. Entonces los generás y después aplicás una estrategia para identificar propiedades útiles. Y de repente del mismo proceso sacás tres o más productos completamente distintos e inesperados. Todo eso necesita pensamiento e investigación. Por eso es que necesitamos tener una ciencia amplia.

Nosotros tenemos dos mil investigadores que no hacen lo que a alguien le gustaría que hicieran; hacen lo que ellos son capaces de hacer, lo que les gusta, lo que pueden. Bueno, estimulémoslos. No les pidamos que sean capaces de hacer algo útil en lo inmediato, sino que sean capaces de hacer algo muy bien. Y que formen a otros investigadores en su área de especialización y derivadas. Yo, por ejemplo, de repente soy un inútil desde el punto de vista de la aplicabilidad del conocimiento para generar innovación. Pero tengo algunos estudiantes a los cuales formé y que dentro de diez años de repente sí van a estar haciendo algo útil desde ese punto de vista. Entonces, ¿cuál es el valor de la investigación científica? No es sólo el conocimiento que genera por sí misma. Es la gente que se forma en el proceso. Y hay que tratar de retener a esa gente y estimularla para que crezca.

—A mí en las políticas que lleva adelante la ANII me parece advertir que hay algo similar a aquello de Trotski, cuando defendía que era posible saltearse alguna de las etapas en que el pensamiento marxista dividía el desarrollo histórico. Esto, desde luego, es un símil. No me interesa la teoría marxista de la historia. Lo que quiero decir es que me parece que hay gente en la ANII que cree que podemos ir directo a la tecnología sin pasar por la investigación fundamental. ¿Usted qué opina al respecto?

—Yo tengo la misma impresión. La ANII se creó de alguna manera para intentar romper con una inercia tradicional que tiene el país que le impide llegar muchas veces a la etapa de aplicación de los conocimientos. Lo que trató de hacer la ANII, que en cierto sentido me parece que estuvo bien, fue tratar de que se llegara al final del proceso. El problema es que en cierta forma tiraron el agua del baño con el chiquilín adentro. Eso no quiere decir que no apoyen la investigación fundamental. La apoyan, claro que sí. Pero quizás lo que falta es un reconocimiento más explícito de que hay que invertir en ese tipo de investigación por el propio valor de formación de nuevos investigadores.

En todos los países resulta difícil hacer investigación fundamental, porque todos somos inmediatistas. Y sobre todo los políticos, que obviamente necesitan mostrar resultados. En ese aspecto, creo que la ANII cumple un papel fundamental. Hay que reformularla en la dirección que decía más arriba: como una agencia ejecutiva, no de determinación de políticas. Las políticas tienen que estar en un ministerio.

—Habida cuenta de que los políticos tienen esa obvia necesidad de mostrar resultados que usted mismo menciona, ¿cómo se podría evitar que las políticas de un ministerio de ciencia y tecnología fueran incluso más inmediatistas que las que actualmente implementa la ANII?

—No puedo dar una respuesta concluyente. La razón de ser de ese ministerio es que pueda pararse con fuerza frente a la inercia del Estado (eso de que “así lo hicimos siempre” o “lo atamos con alambre”) y discutir de igual a igual la necesidad de hacer inversiones, que nunca son baratas, para beneficios que se obtendrán en el mediano y largo plazo. Y la forma de evitar que sean políticas inmediatistas, se me ocurre, es que la estructura esté armada suprapartidariamente, buscando a los mejores en gestión de ciencia y tecnología sin importar a quién voten.

—El informe que usted ha elaborado no es para nada complaciente con la Udelar, aunque se reconocen en él sus virtudes. Esto último no es algo habitual en el discurso de los partidos tradicionales.

—El discurso usual de algunos críticos es que la Udelar es una porquería y que las universidades privadas son mucho mejores. Fundapro por supuesto tiene un trasfondo político, pero nosotros desde el Observatorio lo que nos propusimos fue técnicamente generar indicadores confiables, no para favorecer una u otra mirada, sino para poder discutir con fundamentos. Este primer informe (que, aclaro, es un trabajo en marcha) pone el foco en la investigación, en la creación de conocimiento, que es aquello que caracteriza a las universidades.

Los resultados del informe (véase recuadro) muestran que, pese a todo lo que la criticamos, la Udelar no está haciendo las cosas tan mal. Tiene un índice de calidad de publicación promedio, que es, por ejemplo, mejor que el de la Universidad de San Pablo y que es prácticamente el promedio mundial, incluyendo a las universidades de los países desarrollados. Quiere decir que no estamos tan mal. Ahora bien, es una universidad gorda. No es que sea grande: es gorda.

La Universidad de Helsinki, que es la más grande de Finlandia (país en algunos aspectos comparable a Uruguay), tiene 15 mil estudiantes y hay decenas de universidades. Nosotros tenemos una única universidad grande, con 82 mil o más estudiantes, de los cuales menos de la mitad son estudiantes efectivos. Y sigue creciendo. En algún momento va a haber que cortar eso. La Udelar debería ser fraccionada en unidades de no más de 15 a 20 mil estudiantes. Sin que ello implique necesariamente duplicación de carreras. No es necesario que cada una de esas nuevas universidades contenga la totalidad de los saberes que se cultivan en la Udelar.

Por otra parte, debería premiarse la excelencia. Creo que los uruguayos tenemos una concepción ideológica que es terrible: somos capaces de premiar la excelencia en todo lo que no es importante (el fútbol, por ejemplo), pero cuando se habla de instituciones educativas no, allí hablar de excelencia es una mala palabra. Allí lo que se platea es la inclusión. Y si para ello es necesario bajar el nivel, entonces bajamos el nivel.

—Si la Udelar estableciera un filtro al inicio sería sin dudas mucho más eficiente en el gasto. Pero ello, amén de injusticias, podría generar también una disminución en el egreso.

—Si yo fuera el rector de la Udelar, lo primero que haría es un experimento. Primero que nada, pondría un examen de ingreso obligatorio. ¿Qué hacemos con las personas que no lo superan? Debería permitírseles (en principio de forma opcional) que ingresaran a un año de preparación que les ofreciera los conocimientos efectivos que deberían tener y no tienen. No tratar de repetir secundaria, porque lo que se necesita en cada caso (ingeniería, medicina, etcétera) son conocimientos diferentes. Al final de ese primer año el estudiante volvería a dar el examen de ingreso. Y de nuevo hay dos posibilidades: o vuelve a la preparación o entra a la facultad correspondiente. Es probable que esa persona ahora no fracase o que le insuma menos tiempo finalizar la carrera de lo que le hubiera insumido en ausencia de ese ciclo de preparación. Con el tiempo, si secundaria mejorara, ese ciclo debería tender a desaparecer. Todo esto se puede plantear como un experimento. En un principio se pueden reclutar voluntarios. Algunos dirán que no quieren formar parte del experimento y otros que sí. Se clasifica a los estudiantes por las notas que hayan obtenido en ese examen de ingreso y se monitorea después al cabo del tiempo cómo se comparan las cohortes de los que hicieron el año introductorio y los que no lo hicieron. Y si se llega a obtener en ese modelo un resultado satisfactorio, se implementa el sistema en forma obligatoria para todos los estudiantes que ingresan.

—¿Cuánto mejor podría estar el país en materia de investigación en el futuro próximo?

—Yo creo que el país en 10 años podría perfectamente duplicar la cantidad de investigadores que tiene ahora y eso después ya no sigue una relación lineal. Todos estos procesos siguen una curva de un tipo que en matemática se llama sigmoide. Es como una ese. Empieza lento hasta que llega un momento de crecimiento rápido en un período muy corto. Sube mucho y después se vuelve a achatar. Nosotros estamos en el período de despegue, de despegue lento. Uruguay es un país lento para todas sus cosas. Pero si duplicamos la cantidad de investigadores en los próximos 10 años, después en los siguientes 5 ya la duplicamos de nuevo. Para 2030 podríamos perfectamente haber multiplicado por 5 la cantidad de investigadores que tenemos ahora. Y ese es el momento en que dejamos la zona plana de la curva y empezamos a crecer. Obviamente hay que acompañar ese proceso con un aumento del presupuesto. Esto efectivamente se va a ver como un gasto, pero no es un gasto. Es una inversión.

 

FICHA
Título: Oscar N. Ventura
Doctor en química. Profesor titular de la Universidad de la República. Investigador del máximo nivel del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA). Investigador del máximo nivel del Sistema Nacional de Investigadores. Co-redactor de las secciones de ciencia y tecnología y de educación superior del programa de gobierno del Partido Colorado de 2009. Asesor en ciencia y tecnología del senador Pedro Bordaberry.

 

RECUADRO
Título: Resumen del informe Posicionamiento de las universidades uruguayas de acuerdo a sus actividades de investigación
Uruguay es uno de los 10 países iberoamericanos, entre 44, que tiene al menos una Universidad entre las 100 mejores que figuran en el informe SIR Iberoamérica que publica el SCImago Research Group (www.scimago.es). La Udelar está en el 4% superior de las instituciones analizadas, ocupando el lugar 32 en Latinoamérica. La producción de la Udelar es pequeña comparada con las que están mejor posicionadas, aunque ha aumentado casi un 60% en los últimos 5 años. La calidad de los artículos publicados es relativamente buena, teniendo un índice de impacto normalizado un poco menor que el promedio mundial. El volumen de producción en revistas de primera calidad aumentó un 30% en los últimos 5 años. Esto indica que la producción crece más rápido que la calidad, lo que va generando un desfasaje que no es preocupante al día de hoy, pero que puede ser preocupante en el futuro si esa tendencia se consolida. Un análisis del presupuesto total y el número de estudiantes y profesores en las universidades que están mejor posicionadas que la Udelar sugiere que la productividad en términos de artículos por dólar invertido o profesor es baja, aun cuando los docentes no parecen estar sobrecargados de actividad de enseñanza. Se trata no obstante de un trabajo en marcha. Para que las comparaciones sean significativas es necesario tomar en cuenta indicadores que no han estado accesibles. Las Universidades privadas ocupan lugares distantes al de la Udelar. Su producción es más pequeña pero consiguen publicar con calidad destacable, aunque en un rango significativamente menor de áreas del saber. El informe completo puede leerse en el sitio del Observatorio de Educación.

(http://Educacion.ObservatorioFUNDAPRO.com).

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Audición de Pedro Bordaberry

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