¿Importa el tamaño, el resultado o ambos?

Pedro Bordaberry

En los últimos tiempos, desde Partidos distintos al nuestro se ha entrado en una discusión acerca del tamaño del Estado. Hay quienes proponen agrandarlo (lo que ha sucedido en los últimos 8 o 9 años con el gobierno del Frente Amplio) y quienes proponen achicarlo, recortarlo.

Reeditan una vieja polémica donde el maniqueísmo sólo sirve para evitar los problemas de fondo,. (aquella polémica de los años noventa acerca de si privatizar o no).

Nosotros no estamos ni a favor ni en contra, puesto que el tema no se reduce únicamente al tamaño del Estado, sino a lo que es su “músculo” y eficiencia en lo que hace. Se puede tener tener un Estado gordo y pesado o uno atlético y éste, siendo menor en términos de gasto, mucho más grande en sus funciones para la sociedad. De ahi que no queramos un Estado más grande ni más pequeño sino eficiente.

Si aportamos con impuestos, nos tiene que devolver mejor Educación, más Seguridad, mejores servicios, y tendrá la dimensión necesaria para ello.

Ni más ni menos.

Discutir el tamaño sin tener en cuenta las funciones es bizantino. De la misma forma que (lo fue) discutir sobre privatizar las empresas públicas. La discusión debe ser la calidad de los servicios que nos brindan dichas empresas y como hacer para que mejoren.

El camino era, y es, terminar con monopolios y falta de competencia que llevan a que los mismos sean de pésima calidad.

Dos ejemplos rompen los ojos. No hay monopolio de telefonía celular y hoy todos nos comunicamos fácilmente y a precios accesibles. Hace 25 años Antel no tenía bornes para suministrarnos teléfonos en el hogar y en el interior profundo nos atendía una telefonista que nos anunciaba la demora para comunicarnos con cualquier punto del país.

El monopólico Banco de Seguros del Estado demoraba meses e incluso años en pagar las reparaciones de los accidentes. Hoy, con competencia, ante un choque envía una camioneta, saca fotos, atiende, paga rápidamente, y hasta ofrece un auto de cortesía mientras dura la reparación. Si no lo hace contratamos un seguro en una compañía privada.

Antel y el Banco de Seguros, además, son líderes en los mercados de telefonía celular y seguros.

Buenos servicios requieren también cuidar las finanzas públicas.

No es lo que está pasando hoy en Ancap y otros entes del Estado.

La noticia de la que nos enteramos esta semana sobre el déficit fiscal del año 2014 es alarmante. De acuerdo con el gobierno tendremos un déficit de 3,3% en este año, es decir de 1850  millones de dólares.

Es decir, el Estado gastará 1850 millones de dólares de más en este año electoral. El mayor déficit relativo desde el año 2002 o, como le gusta decir al gobierno, haciendo trampas, el mayor déficit de la historia, si lo miramos en valores absolutos..

Lo peor es que acumula este déficit sobre dos años anteriores ya muy malos (en el 2012 2,8% y en el 2013 2,4%), en momentos en que el país viene del mayor período de crecimiento económico que se recuerde desde 1955, fruto de las condiciones internacionales. Como se sabe la baja de la tasa de interés en Estados Unidos y Europa y el alto valor de las materias primas, fruto de la demanda China entre otros motivos, nos han regalado una década de crecimiento enorme.

Pero pese a los mayores ingresos, el gobierno ha gastado de más.

¿Dónde se gastó demás?

Es bueno que se sepa: el déficit se origina fundamentalmente en las Empresas Públicas que están teniendo los peores resultados que se recuerden. El caso de Ancap es el más notorio con pérdidas el año pasado de 200 millones de dólares que están intentando maquillar con un balance que se hará “siguiendo criterios políticos“ según se anunció.

Pero Antel, Ose y Ute no le han ido en zaga en cuanto a los malos resultados.

Otro de los componentes del déficit es el Banco Central, que aporta 600 (de los 1850) millones con una política de emitir deuda en pesos y comprar dólares que coloca a tasas casi nulas, meramente para intentar futílmente evitar profundizar el atraso cambiario que el aumento del gasto público trae consigo bajo las actuales condiciones internacionales.

Según reconoció hace un año y medio el hoy Ministro de Economía en el Parlamento esa operativa, que inicialmente intentó (sin éxito) frenar la caída del dólar, nos cuesta 600 millones de dólares por año.

Ahora tratan de justificar ese error que, en su inicio tenía como objetivo evitar la caída del dólar, en que en realidad estaban aumentando las reservas del Banco Central. Reservas cuyo mantenimiento nos cuesta un ojo de la cara y que no ha hecho otra cosa que llenar los bolsillos de quienes tomaron deuda en pesos del Estado por un lado, y reciben los dólares en colocación por la que nos pagan una tasa casi nula.

De enero a enero, la plata es del banquero, dice el refrán.

Ante el déficit el Presidente ha salido a explicar esta política esta semana, pretendiendo justificar lo injustificable con el argumento de que aumentaron las reservas. Él sabe que no es verdad, puesto que aumentaron, si, pero a un costo enorme y no querido inicialmente.

Como siempre hemos dicho que somos de propuesta y no de protesta, aquí va la hoja de ruta que aplicaremos para terminar con este déficit a partir del primero de marzo del año que viene:

1.- volver al superávit histórico de las empresa públicas, con una buena gestión; ello significa una atenuación del déficit en 1,2%;

2.- plan para reducir el costo de intereses del BCU; ello significa un 1%;

3.- bajar el gasto no social y no salarial del Estado por 0,5% (aquí entran los cargos de confianza y otras yerbas del presunto progresismo);

4.- no llenar el 25% de las vacantes que se producen en el Estado (esto nos dará en 5 años un 0,6% más).

Todo esto, conjuntamente con el aumento de ingresos que el crecimiento económico nos brinda,  nos permitirá en un año y medio equilibrar razonablemente las cuentas públicas sin afectar el gasto social y atender el comienzo de un nuevo tiempo de eficiencia y mejora continua.

Esa eficiencia que el aumento de la cantidad de funcionarios no nos ha traìdo en estos 9 años de gobierno del Frente Amplio.

El aumento desmedido de la cantidad de empleados públicos es un reflejo de esta administración que tenemos. En los últimos 9 años se ha aumentado la dotación del Estado en 56 mil funcionarios. Es decir hemos sumado 5 Intendencias de Montevideo enteras a nuestro presupuesto.

Solamente el año pasado fueron 12500 más, ¡una Intendencia entera!. El asunto se torna aún más grave si se tiene en cuenta que estos 56 mil demás lo son sin tener en cuenta el llenado de vacantes. Quiere decir que sólo en el 2013 ingresaron al Estado 43 mil funcionarios nuevos porque además de llenar las vacantes se aumentaron en 12500 los puestos.

Lo peor es que esos 56 mil funcionarios más no nos han dado mejor educación, mas seguridad ni mejor salud.

Hasta aumentó la mortalidad infantil.

Lo que nos lleva a lo del principio: el problema no es achicar o agrandar al Estado sino hacerlo más eficiente, darle musculatura para que su peso nos permita avanzar y no ser una carga.

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