Mis razones para apoyar el plebiscito contra la minería metalífera a cielo abierto

 

megamineria

No lo hago con gusto. Lo hago a pesar de saber que técnicamente es inadecuado. Pero no me han dejado más remedio. Entre la espada y la pared, no hay más remedio que tirar abajo el muro o morir ensartado por el acero.

Recapitulemos. Participé en el grupo multipartidario de análisis de la minería de gran porte. Llegamos allí trabajosamente a un consenso, negociando y, naturalmente, cediendo a veces. También nos congratulamos de que el gobierno cedió en esa instancia en varias ocasiones. Hace ya muchos meses participé en una presentación en Mundo Afro donde dí nuestro punto de vista (nuestro en el sentido del sector Vamos Uruguay). Ese punto de vista era “sí, pero…”. Sí, pero con los cuidados ambientales apropiados. Sí, pero con desarrollo de industria nacional. Sí, pero con transparencia. Sí, pero con recomposición paisajística y proyecto de desarrollo posterior. Sí, pero con un beneficio económico considerable para el país. Esas posiciones se llevaron al grupo interpartidario y, en los papeles, fueron aceptadas por el gobierno.

Tiempo después, el Poder Ejecutivo remitió al Parlamento la Ley de Minería de Gran Porte o Megaminería, que mostró la peor faceta del gobierno. Desapareció la transparencia, porque en varios puntos se convino la reserva (y, de hecho, el cerco a la libertad de información termina de estrecharse aún más). Abrió puertas para evitar cobrarle a Aratirí cientos de millones de dólares. Abrió la puerta, mediante una forma absurda de definir las unidades económicas, a que la megaminera pueda subdeclarar ganancias y no pagar impuestos. Abrió la puerta para que no haya ninguna ganancia para el estado. Y, lo peor de todo, en ninguna parte se asegura realmente que exista una remediación del daño causado, como siempre fue el espíritu con el que yo y mis compañeros fuimos a ese grupo interpartidario de minería de gran porte. Por todas esas razones, nuestro Partido no votó en el Parlamento la Ley de Megaminería, que salió solo con los votos del Frente Amplio.

¿Qué caminos nos quedan? Junto al Senador Bordaberry, y presentado por él en la Cámara de Senadores, elaboramos un proyecto de ley de prohibición de la minería a cielo abierto y el empleo de cianuro en minería (véase la noticia y el proyecto enhttp://www.espectador.com/politica/215347/bordaberry-presento-proyecto-contra-mineria-a-cielo-abierto). Eso fue hace más de dos años y el Senado nunca lo trató. Presentamos también un proyecto para pedir la moratoria del fracking (véase el proyecto presentado por el Senador Bordaberry en http://www.sociedaduruguaya.org/2012/06/senador-bordaberry-proyecto-de-ley-de-moratoria-del-fracking.html) hace más de un año. Y el Parlamento tampoco lo trató. Es evidente que el Frente Amplio no va a tratar ningún proyecto que le ponga cortapisas a sus deseos extractivistas. Conseguir la mayor cantidad de dinero posible en el corto plazo y que se arreglen los que vengan cuando vengan.

Queda claro entonces que solo nos quedan dos alternativas. Una es esperar que el Frente Amplio pueda ser desplazado del gobierno, la Ley de Megaminería modificada para asegurar la sustentabilidad de la extracción y los contratos eventuales (especialmente el de Aratirí) sean suspendidos. Corremos un riesgo doble. Uno, que la oposición no triunfe. Y dos, que aunque triunfe se encuentre con una situación creada que le lleve a perder millones de dólares en litigios y eventualmente la confianza internacional.

La otra alternativa, la única que nos queda, es apoyar el plebiscito. No lo hago con alegría. El texto a plebiscitarse dice así

 

Artículo N° 47

Agréguese lo siguiente:La integridad de los suelos y los recursos hídricos forma parte del patrimonio de la nación y debe ser preservada de toda actividad que conduzca a su degradación definitiva o destrucción.Prohíbese la minería metalífera a cielo abierto en todo el territorio nacional.Toda autorización, concesión o permiso vigente que de cualquier forma vulnere esta disposición quedará sin efecto a partir de la fecha de entrada en vigencia de esta reforma.

 

Este agregado es peligroso. Al pedir que se protejan los suelos de “su destrucción” está pidiendo cosas que, cuando se interpretan, son demasiado generales (por ejemplo, hacer una casa en una pradera, o una piscina, lleva necesariamente a la destrucción del suelo que ocupa). Aún si se lograra soslayar tan desagradable situación, la segunda línea prohíbe la minería (toda la minería, no solo la megaminería) a cielo abierto. Lo que hace que si en el futuro encontramos metales de alta demanda (como las tierras raras) que nos permitirían quizá la fundación de una industria tecnológica nacional, la Constitución nos impida hacer un pozo para extraerlos y tengamos, necesariamente, que recurrir a minas en galería, menos económicas y quizá no rentables y que ostentan un récord de accidentes con pérdidas de vidas humanas mayor que el de la minería a cielo abierto. Y, finalmente, la tercer frase es (desde el punto de vista de este lego jurídico) complicada, porque equivaldría a confiscar derechos adquiridos sin una justa remuneración, lo que, quizá, podría conducir a que esta adición a la Constitución chocara con otros artículos de la porpia Constitución.

Pero no me dejan alternativa. Sé que la solución es mala, pero es la menos mala entre todas las soluciones posibles que podemos adoptar en este momento. Así que, mediante esta nota, aviso que voy a firmar para habilitar el plebiscito contra la minería a cielo abierto que, estoy seguro, tendrá cientos de miles de adherentes.

Con pesar, pero con firmeza y convicción.

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Audición de Pedro Bordaberry

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