Que quienes se sientan inseguros sean los delincuentes

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La filosofía que apoya este proyecto es que quienes se sientan inseguros sean los delincuentes y no los ciudadanos honestos. Se trata de dar una señal clara a la delincuencia.

La ley prevé cuatro efectos: en primer lugar el efecto disuario, mayor costo por delinquir; la incapacitación porque si hay menos delincuentes en la calle los incapacitas para que delincan; en tercer lugar el efecto de rehabilitar porque el tiempo no es suficiente para rehabilitarlos, en teoría si tengo más tiempo en la cárcel podré rehabilitarlos; y por último el efecto de protección: vas a proteger más y mejor a la ciudadanía en la  medida en que evitas que haya más víctimasy más muertes.

El Estado tiene que emitir claras señales hacia la sociedad, respecto a aquellos delincuentes habituales que cometen delitos graves. En 22 estados de Estados Unidos aplican esta regla. Cuando la empezaron a aplicar era para todo tipo de delitos, y se dieron cuenta que era injusto, porque también comprendía a algunos delitos como libramiento de cheques sin fondo o estafa. Se revisó y se fijó únicamente para delitos graves, de sangre, que es lo que proponemos nosotros.

Son dos artículos. Uno es concretamente la regla del  “three strikes and you’re out” (tres strikes y estás afuera): si se combinan en la segunda y tercera vez este tipo de delitos graves los mínimos y máximos se incrementan. Y a su vez un segundo artículo –que es que los delincuentes reincidentes a los que se agregó los del narcotráfico– se les impide acceder a ciertos beneficios como son el régimen de salidas transitorias y la libertad anticipada.

Si mirás la prensa encontrás todos los días presos que vuelven a cometer delitos graves, en salidas transitorias, en libertad anticipada. El mismo día que Pedro Bordaberry presentaba este proyecto hubo un tiroteo en La Paz donde dos delincuentes fueron atrapados, los dos tenían antecedentes graves y uno de ellos estaba en salidas tansitorias y preso por homicidio. Esta situación, como tantas otras, se hubieran evitado con esta ley.

Hay operadores judiciales que están a favor de este proyecto y uno de ellos es un ministro de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Chediak. También el comisionado parlamentario informó el alto grado de reincidencias que tuvo la “ley Díaz”, cerca de un 40% reincidieron y eso que no era para delitos graves.

Se puede cuestionar que las cárceles no rehabilitan pero eso no es excusa. Es como decir que la gente en los hospitales no se cura y se muere, entonces no mandamos más gente a los hospitales. No es la solución. La solución es seguir mandando a la gente a los hospitales, y hacer que cumplan su función de curar, y un porcentaje se va a curar. Con las cárceles pasa lo mismo. Decir como no rehabilitan los dejamos en libertad y que sigan rapiñando, matando o violando, es un disparate. Las cárceles deben cumplir la funcion como lo dice la Constitución de rehabilitar.

Los gobiernos no son responsables de que existan delitos pero sí de no combatirlos efizcamente. Tienen que apelar a todos los mecanismos. Los ciudadanos tienen que volver con su integridad física intacta. Hoy eso no ocurre. El Estado debe velar en primer lugar por la ciudadanía honesta, por los que cumplen la ley, y en segundo lugar por el delincuente, dándole las garantías del debido proceso, la encarcelación y la rehabilitación.

Cuando te van a rapiñar o copar no te preguntan qué votas o de qué partido político sos. Acá estamos todos igual. El delito no mide simpatía política.

Como todo, la ley es perfeccionable. Para eso va a la comisión de Legislación y Códigos del Senado, se puede perfeccionar, incluir delitos o sacar. Además, las leyes no son perpetuas. Podés aprobarla, ver si mejora la seguridad y luego derogarla. Hay que ajustarse a la realidad, como decía Aristóteles: la única verdad es la realidad y hoy los delitos graves siguen en aumento.

 

Fuente: El Observador

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Audición de Pedro Bordaberry

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